por Heather Tietz
No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús.
“La práctica no lleva a la perfección”, dijo una vez un profesor de música. “La práctica crea permanencia.”
Si la práctica no es cuidadosa y significativa, puede ser peor que una pérdida de tiempo.
Según el Dr. K. Anders Ericsson, reconocido internacionalmente por su investigación en la psicología del rendimiento, se necesitan 10.000 horas de práctica deliberada para alcanzar un nivel experto en cualquier campo.
La práctica deliberada es estratégica. No es simplemente trabajar durante un cierto número de horas. Es analizar aquellas áreas que necesitan ayuda y luego trabajar en ellas.
Mi esposo y yo teníamos un amigo en la universidad que tenía escrito “práctica” por todas partes. Aunque era un estudiante de música, tenía la constitución de un atleta. Nuestro amigo nunca fue a ningún lado excepto al edificio de música, nunca hizo nada más que practicar. Ese toque diario de su pesado fagot, esas horas de lucha para encadenar perfectamente las notas, lo convirtieron literalmente en un intérprete sólido.
Nadie sino Jesús logra la perfección en tu vida. Pero si amar a Dios es algo por lo que elegimos esforzarnos, entonces necesitamos una práctica deliberada.
Necesitamos establecer momentos para amarlo deliberadamente, para amar a quién y a lo qué Él hizo. Necesitamos un análisis cuidadoso de cuándo y por qué nos quedamos cortos para que nuestra práctica nos acerque a la perfección.
¿Qué áreas de mi vida espiritual podrían necesitar más práctica?
Dios misericordioso, por favor ayúdame a autoevaluarme. Ayúdame a ver cómo puedo cambiar cada día para ser más como Jesús. Bendíceme mientras mantengo mis ojos en ti y prosigo hacia el cielo. En el nombre de Jesús oro, Amén.