por Beatrice Jean-Baptiste
Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.
Desde mi niñez, tengo el recuerdo de la última línea del Himno Nacional de los Estados Unidos (Star-Spangled Banner) en mi mente: “¡Sobre la tierra de los libres y el hogar de los valientes!”
En ese momento, en gran parte debido a mi ingenuidad infantil, no me di cuenta de que los Norteamericanos que se parecían a mí todavía eran considerados como propiedad de los Estados Unidos cuando se escribió el canto patriótico en 1814.
Casi cinco décadas después, en 1863, la esclavitud en Estados Unidos terminó con la firma de la Proclamación de Emancipación. Pero la esclavitud no terminó para todos. La noticia de la libertad no llegó a algunos durante dos años enteros.
No fue hasta que los soldados de la Unión llegaron a Texas el 19 de junio de 1865, que Estados Unidos se convirtió en la tierra de los libres y el hogar de los valientes. Inmediatamente después de recibir la noticia, los antiguos esclavos comenzaron a celebrar su nueva libertad.
El 16 de junio es un día festivo que conmemora ese día histórico, un día en el que todos los portadores de la imagen de Dios ya no estaban esclavizados en la Tierra de las Oportunidades.
Como cristianos, estamos llamados a sentir empatía por todos los hijos de Dios. La Biblia nos dice que celebremos con los que se regocijan. El Juneteenth (Día de la Liberación o Día de la Emancipación), que honra la resiliencia humana frente a dificultades insuperables, es un recordatorio de que todos somos creados a imagen de Dios y todos estamos llamados a luchar por la igualdad racial como embajadores de Cristo.
¿Cuándo fue la última vez que me regocijé por la felicidad de otra persona o lloré por la tristeza de alguien más?
Apreciado Señor, gracias por llamarme a vivir una vida basada en el amor y la empatía. Ayúdame a amar a todos tus hijos de la misma manera que tú lo haces. En el nombre de Jesús oro, Amén.