por Heather Tietz
Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce á los que en él confían.
El 17 de enero de 1994 fue un día de tribulación para miles de personas.
El mayor terremoto que jamás haya azotado una zona urbana de América del Norte sacudió el sur de California a las 4:30 de la madrugada. Sacó a residentes de sus camas en todo el Valle de San Fernando, derrumbó pasos a desnivel, provocó la evacuación de hospitales, derribó estructuras de estacionamiento, edificios de apartamentos y provocó incendios, pero, sorprendentemente, solo causó 57 muertes.
El terremoto se sintió desde Northridge hasta San Diego y al este hasta Las Vegas, Nevada.
Tony recuerda haber sido sacado de la cama, confundido y cegado por la oscuridad. Buscó una ventana para salir hacia un lugar seguro. Allí estaba junto con extraños, temblando por el frío.
Se tomaron de las manos para orar. “Dios, detén el caos”.
Dios respondió con una réplica. Tenía un plan: su propio plan.
En el caos, Tony tuvo que ceder y simplemente confiar.
Todos hemos tenido nuestro día de tribulación — incendios, inundaciones, vientos huracanados, matrimonios desmoronados, enfermedades devastadoras. Dios tiene su plan, aunque a menudo al principio no lo entendamos.
A veces no hay manera de detener las réplicas, pero esa no es nuestra responsabilidad. Sólo tenemos que tomarnos de las manos, buscar juntos a Dios y refugiarnos en Él.
¿Dónde que acudo en primer lugar cuando hay problemas? ¿Qué espero de Dios cuando recurro a Él?
Celestial Señor, ayúdame a recordar que la salvación viene de ti. Las tribulaciones de este mundo durarán sólo una momento. Tú eres eterno. Por favor fortalece mi fe mientras me refugio en ti. En el querido nombre de Jesús oro, Amén.