por Margaret Michel
ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.
¿Alguna vez has esperado la entrega de un paquete con mucha expectativa?
He obtenido el número de guía o seguimiento y mantenido cuidadosamente el progreso de mi paquete antes de llegar. Este va de ciudad en ciudad, parando en una estación, luego en la siguiente, hasta que finalmente… ¡la entrega es confirmada!
Algunas veces no me encuentro en casa y aparece en mi puerta la etiqueta de “Entrega fallida”. Otras veces, llamo a la empresa de paquetería para que me digan si mi paquete está listo para ser recogido. De cualquier forma, comienzo a alegrarme de que mi paquete tan esperado haya llegado.
Puede que no haya visto su manejo, pero aun así estoy entusiasmada de que finalmente haya “llegado”, basada simplemente en mi fe en el sistema de seguimiento, en la evidencia de la nota en mi puerta o en la confirmación de la persona al otro lado del teléfono.
¿Cuánto más segura es la Palabra de Dios? Antes de que veamos la respuesta a nuestra oración, basados solamente en sus promesas, podemos estar seguros de que la entrega ya está confirmada. Podemos prorrumpir en regocijo antes de que “el paquete” esté en nuestras manos.
Cada una de las promesas de Dios es en sí misma una nota de validez mejor que la confirmación de cualquier sistema de seguimiento, más aunténtica que el recibo de entrega, más confiable que la afirmación de un empleado.
¡La Palabra de Dios es segura!
¿Qué “paquete” espero hoy que llegue de Dios? ¿Qué promesa ha hecho Él por la que ya me regocijo, confiando por fe que la va a cumplir?
Querido Señor, por favor ayúdame a aceptar tu Palabra. Que me dé seguridad y me baste. En el nombre de Jesús oro, Amén.