No Es La Curación: Es La Relación

por Ami Hendrickson

Mateo 9:35

Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.

De alguna modo, en su eufórica carrera, mi perra, Zephyr, se arañó el ojo. Regularmente tengo que ponerle medicina para mantenerlo limpio y libre de infecciones mientras se cura.

Zephyr odia esto.

La medicina no le hace daño. Tan pronto se la administro, su ojo deja de lagrimear y parpdear. Sin embargo, esto no significa que disfrute del procedimiento.

No obstante, Zephyr me permite cuidarla porque tenemos una relación cercana. Puede que no le guste que sea su enfermera, pero me quiere y confía plenamente en mí. También creo que en su grande, tonto y perruno corazón, ella sabe que la estoy ayudando.

Cuando estuvo en la tierra, Jesús poseía el máximo poder. Él podría haber movido su dedo meñique y haber sanado de toda enfermedad a todos en el planeta. Pero la humanidad nunca habría desarrollado ninguna confianza en Él si lo hubiera hecho así.

Así que fue de pueblo en pueblo predicando, enseñando y sanando. Escuchó las quejas de las personas, respondió a sus preguntas y les mostró cómo aliviar su dolor: desarrollando una relación con Él.

Sus métodos no han cambiado. Todo lo que Él quiere de nosotros es que lleguemos a conocerlo y aceptemos las bendiciones que Él quiere darnos.


Reflexión

Ser sanado no siempre es una experiencia agradable. ¿Cuándo fue la última vez que experimenté la sanidad divina y que me resultó ser todo un desafío?


Plegaria

Precioso Señor, gracias por enviar a tu Hijo a encontrarme donde vivo. Gracias por querer una relación conmigo. Ayúdame a confiar cada día más en ti. En el nombre de Jesús oro, Amén.