por Brenda Kis
Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro.
¡Deberías haber visto sus ojos brillar! ¡Mi hijo estaba dando sus primeros pasos y gritaba de alegría por su logro!
Por supuesto, mi esposo y yo estabamos tomados de las manos, formando un camino y una “valla” humana a la que pudiera aferrarse.
Nuestro pequeño niño se tambaleó hacia mi abrazo. Se dio la vuelta, miró a papá a los ojos y se tambaleó en su dirección.
¿Andrej podría caminar? ¡Sí que pudo! Por gracia.
La gracia es la bendición de otorgar algo bueno a alguien que no lo merece o no puede tener éxito sin ello. Sin embargo, aunque la gracia es dada a todos, no todos la recibirán.
¿Por qué no?
Jesús sabía que no podíamos ser lo suficientemente buenos para el cielo y dignos de la vida eterna, por eso vino a ofrecer el regalo de su vida perfecta en lugar de la nuestra imperfecta.
No podemos hacer nada para salvarnos a nosotros mismos, pero la forma en que respondemos a su dádiva muestra si realmente queremos ser salvos. Si nos negamos a hacer los cambios necesarios porque nos gustan ciertas tradiciones o hábitos, entonces estos se convierten en nuestro dios y ya no estamos conectados con la Fuente de la gracia. Básicamente lo hemos rechazado y no estamos calificados para recibir su magnífico ofrecimiento.
Hoy tenemos otra oportunidad de decirle a Jesús que aceptamos su don y que queremos caminar con Él.
¿He aceptado el regalo de la gracia de Dios? ¿De qué prácticas o hábitos debo alejarme con la ayuda de Dios?
Querido Jesús, gracias por el don de tu gracia. Lo acepto sin reservas. ¡Por favor hazme más dispuesto a caminar contigo! En tu nombre oro, Amén.