por Ami Hendrickson
Y á Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiado cerca de él: Cubrirálo siempre, Y entre sus hombros morará.
Durante cuarenta largos años, Moisés siguió a Dios y condujo a los Hijos de Israel por el desierto. Luego, Moisés dio su discurso de despedida, pronunciando una bendición sobre cada una de las doce tribus.
El versículo de hoy se dirigió originalmente a la tribu de Benjamín: una pequeña tribu descendiente del hijo menor de Jacob. Es la única bendición en que se llama “amado” al receptor.
¿Qué mejor bendición podría dar Dios a las personas que literalmente pasaron toda su vida viajando? Cuando uno camina largas distancias, la mejor forma de transportar tus pertenencias es sobre tu espalda.
Una vez que una persona levanta su carga, ésta descansa entre sus hombros. Justo allí es donde Dios promete a sus hijos estar, protegiéndolos en cada paso de su camino.
En el año 2014, el entusiasta de los mochileros Michael O’Shea, profesor de física en la Universidad Estatal de Kansas, publicó su investigación que indicaba que las personas de menor talla podían transportar cargas más pesadas que las personas más grandes.
Según los cálculos de O’Shea, una persona de 50 kg (110 libras) es capaz de llevar una mochila que pesa casi 22,6 kg (50 libras), pero una persona que pesa el doble puede llevar una mochila que pesa solo 16,8 kg (37 libras).
Cuando Dios mora con su amado, nuestro tamaño no importa. Él nos da sombra y seguridad. Él promete vivir donde llevemos nuestras cargas, protegiéndonos del peligro y bendiciéndonos dondequiera que vayamos.
¿Qué cargas llevo actualmente sobre mis hombros? ¿Habita Dios allí?
Querido Señor, por favor acompáñame en cada viaje que haga. Cúbreme con tu gracia. Gracias por apoyarme. En el nombre de Jesús oro, Amén.