por Darla Noble
Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.
Muchos grandes inventores fracasaron antes de triunfar.
¡Albert Einstein reprobó el examen de admisión a la universidad! Henry Ford falló dos veces antes de diseñar y construir un automóvil que realmente funcionara. Sir James Dyson, famoso por las aspiradoras, no logró en numerosas ocasiones que su concepto funcionara.
Entonces, ¿qué tienen en común todas estas personas? ¿Y qué tienen que ver con que Jesús sea el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad? En una palabra: convicción.
Estos hombres creían en sí mismos y en sus habilidades e ideas cuando nadie más lo hacía. De la misma manera, debemos creer en Dios aún cuando las personas que nos rodean no lo hacen. Incluso cuando la gente intenta convencernos de que Dios no es real.
La Biblia contiene las palabras de instrucción, esperanza, aliento y promesa de vida eterna de parte de Dios. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, se ilustra claramente que Jesús es el único Hijo del Dios Altísimo, enviado a la tierra para salvarnos de nuestros pecados.
“¡Prueben y vean que el Señor es bueno!” (Salmo 34:8). Dios nos desafía a que veamos lo que tiene que ofrecer.
No importa lo que digan los demás, o a dónde intenten llevarte, recuerda siempre que Jesús es el único camino que te llevará a Dios y a tu hogar eterno en el cielo.
¿Acaso soy culpable de ir en otras direcciones — direcciones que me alejan de Jesús? Si le doy la espalda a Jesús, ¿cómo responderé a la pregunta de Pedro: “¿A quién iré?”
Querido Dios, gracias por Jesús, el Cristo, tu Hijo. Gracias por enviarlo a salvarme — ¡A MÍ! Que nunca pueda jactarme de nada más que de Jesús y su amor. En el nombre de Jesús oro, Amén.