por Margaret Michel
En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él.
He tenido la experiencia de pasar osadamente junto a un grupo de guardias de vigilancia sin que me detengan.
Más sorprendentemente, otros a mi izquierda y derecha no tuvieron ese privilegio. ¿Era yo alguien especial? No.
Sin embargo, tenía la confianza en cada rápido paso que daba hacia el puesto de control, a pesar de que una persona tras otra cerca de mí era detenida, interrogada y, a veces, rechazada. ¿La diferencia? Tenía una pase de entrada emitido por el trabajo. Ningún otro factor importaba para asegurar el acceso.
La aceptación o el rechazo no se basaba en la altura, el peso, la edad, el atractivo o la educación. No importaban ni la posición social, ni las amistades, ni la riqueza ni la nacionalidad. Sólo una cosa era importante: una llave electrónica invisible guardada en mi bolso, pero detectable en el control de seguridad.
Una vez que pasaba la seguridad, llegaba a los ascensores, luego a mi escritorio e interactuaba con mis compañeros de trabajo, una cosa era común entre todos nosotros. Cada compañero también poseía una llave electrónica, ya que era el único medio para acceder.
El versículo de hoy puede verse como una comparación entre la fe en Cristo y la llave electrónica de mi trabajo. Sin Él, no hay autorización. Pero una relación con Él abrigada en mi corazón, reconocida por su Espíritu hacia mi espíritu, me da arrojo, acceso y confianza.
Nada más importa.
¿Cómo planeo practicar diariamente el accesar sin temor? ¿Cómo ejerzo arrojo en mi relación con Dios?
Señor del cielo, ¡Qué honor tan maravilloso es que me hayas ofrecido un acceso valeroso y confiado hacia ti a través de Jesucristo! Sí, Señor, acepto tu invitación. En el precioso nombre de Jesús oro, Amén.