por Brenda Kis
Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere.
José nació en una familia disfuncional donde su padre tenía favoritos y marginaba a los hermanos de José.
No fue de ayuda que él fuera el favorito y recibiera la mayor atención. Un día, los demás decidieron que era hora de enseñarle a su hermano que, después de todo, él no era el rey de la montaña.
Cuando papá envió a José a ver cómo estaban sus hermanos en el campo, estos vieron su oportunidad y lo arrojaron a un hoyo profundo. Comiendo tranquilamente el almuerzo que les habían preparado, no prestaron atención a sus gritos de auxilio. Cuando llegó un grupo de traficantes de esclavos, los hermanos vendieron a José como esclavo. Devastado por tener que dejar a su familia y su hogar, José enfrentó un futuro impresionante y desconocido.
José fue un hombre piadoso en una tierra pagana, y su determinación de obedecer a Dios y hacer lo correcto hizo que lo enviaran a prisión.
Después de dos largos años, de pronto su fortuna cambió y fue liberado. Poco después fue elevado a un alto cargo en el gobierno. Tranquilo, conectado con el cielo, tomó decisiones sabias que incluso salvaron la vida de su familia que estaba lejos. (Lea la historia completa en Génesis 37, 39-50.)
Sin dejarse intimidar por su vida en prisión o en un palacio, José confió en que Dios se haría cargo de los resultados. La confianza en Dios siempre da el valor que necesitamos.
¿En qué momento de mi vida necesito confiar más en Dios?
Señor del Universo, ayúdame a poner mi confianza en ti, el Único que no comete errores. Oro en el nombre de Jesús, Amén.