por David Haase
Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; Y su marido también la alabó. Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú las sobrepujaste á todas.
Cuando me casé por segunda vez, nos auto llamámos la familia Brady Bunch.
Yo tenía tres niñas y mi esposa tenía dos niños y una niña. Tener seis hijos menores de nueve años era un trabajo de tiempo completo para mi esposa. Yo trabajaba muchas horas, a veces siete días a la semana, para mantener a nuestra familia. Mi esposa fue una bendición para todos nuestros hijos. ¡Ella todavía lo es!
Aprecié cómo la familia de mi esposa fue abierta y amorosa tanto con mis hijos como conmigo. Nos adaptamos a ellos y nunca miramos atrás. Conocimos a los abuelos, los invitamos a la cena de Navidad e intercambiamos regalos.
Siempre les dijimos a nuestros seis hijos que tenían todo el derecho a amar a todos sus padres. Nunca hablamos negativamente de los padres que no formaban parte habitual de sus vidas. Tampoco usamos nunca el título “padrastro”. Nuestros hijos son “nuestros hijos”.
No siempre fue fácil, pero gracias al espíritu amoroso de Dios, ser respetuosos de nuestro pasado y crear una relación abierta con nuestra familia extendida se ha contagiado a nuestros hijos, quienes se convirtieron en adultos respetables.
Todos somos parte de la familia de Dios. Si se lo permitimos, Él encontrará una manera de hacer crecer su reino, uniendo a nuestros seres queridos en una gran familia celestial.
¿Qué bendiciones anhelo para mi familia? ¿Cómo puede mi relación con Dios ayudar a orientar mi relación con los demás?
Querido Dios, gracias por estar en cualquier lugar donde dos o tres se reúnan en tu nombre. Por favor bendice a mi familia extendida y variada. En el nombre de Jesús oro, Amén.