por Heather Tietz
En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.
Cada cultura tiene reglas sobre qué llevar cuando te invitan a la casa de alguien.
En China, a menudo se da fruta, pero solo en grupos de dos. En Japón, el envoltorio del regalo suele ser más importante que lo que hay dentro.
Un verano, nos invitaron a la casa de una amiga francesa. Tomamos un ramo de flores y a nuestros dos pequeños hijos. Siendo padres primerizos, no pensamos en traer otras cosas importantes, como pañales, toallitas húmedas y juguetes adicionales.
Todo estuvo bien durante unos treinta minutos; entonces el jugo y los bocadillos se manifestaron en un pañal que no pudimos cambiar. Mientras luchábamos por mantener la paz, se perdió toda la apariencia de cordura de nuestros hijos. La tarde se arruinó. Nuestra pobre anfitriona nos envió fuera de su puerta suplicando con urgencia: “Váyanse. Solo anden.”
Jesús les dice a sus discípulos que deben dar un regalo a los hogares de las personas: La paz. Habla de ella como si fuera algo físico, algo que se puede dar e incluso devolver si no se acepta.
La paz es algo que puedes dar con intención. Tenemos que planificarla y orar por ella.
Incluso hoy, antes de dirigirnos a la casa de alguien, oremos para que seamos una bendición, para que nuestra presencia traiga alegría y paz.
¿Cómo puedo intensionalmente llevar paz al próximo hogar que entre?
Querido Dios, por favor recuérdame hacer planes intencionales de llevar paz a los hogares en los que entre. Ayúdame a que cada hogar que visite quede un poco mejor que antes de haber llegado allí. En el nombre de Jesús oro, Amén.