por John Michalak
Y sera que, si oyeres diligente la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra.
Alcanzar las alturas de algo que vale la pena requiere años de disciplina y perseverancia.
Los campeones de patinaje artístico comienzan desde muy pequeños. Los médicos entrenan durante años. Los directores ejecutivos llegan a la cima después de pasar décadas escalando en la escalera corporativa.
Para los cristianos, subir la escalera del Reino es un poco diferente. Las alturas alcanzadas no tienen que ver con destacar entre las naciones o lograr el éxito según el mundo. El poder de escalar viene de la gracia de Dios, no de nuestra propia fuerza. Y muchas de las bendiciones del trayecto no se ven ahora.
Pasamos años soportando pobreza espiritual para disfrutar mejor del Reino de Dios. Nos entrenamos durante décadas en humildad para apreciar mejor nuestro lugar dentro de su gobierno. Sufrimos el duelo para descubrir el verdadero consuelo. Luchamos contra toda una vida de pecado para ver mejor a Dios. Rendimos años de amargura para finalmente conocer la paz. Soportamos el rechazo de los demás para abrazar mejor la aceptación de Cristo.
Subir la escalera del Reino es un viaje largo pero gratificante. Solo quien escucha y obedece, quien cae en los brazos de la gracia cuando quiere desistir y retirarse, lo logra.
La clave es nunca apartar la vista del objetivo. Mientras subes, mira al cielo. Jesús se encuentra en lo más alto, haciéndote señas para que te unas a Él.
Hoy, ¿cómo escucharé diligentemente la voz de Dios?
Querido Dios, ayúdame a escuchar diligentemente tu voz. Dame el valor y la fuerza para responder cuando te escucho. Gracias por Jesús, que pronuncia palabras de amor que dan vida. En el nombre de Jesús oro, Amén.