por Darla Noble
El necio da suelta á todo su espíritu; Mas el sabio al fin le sosiega.
La familia es el diseño de Dios para continuar y nutrir a la raza humana. También es su diseño para enseñarnos a honrarnos y respetarnos unos a otros y a amar incondicionalmente como Cristo nos ama.
Sin embargo, debido a que somos demasiado imperfectos, también lo son las familias.
Lo sé muy bien. Por eso, siempre estoy en la posición de tener que elegir si manejar mi ira o dejar que ella me maneje a mí.
Verás, no importa la edad que tengamos, todavía anhelamos la aceptación y las afirmaciones de amor de nuestros padres. Pero para mí, eso no es así. Resulta suficinete decir que sería increíblemente fácil para mí hacer una gran rabieta como la de un niño sobre lo poco amada que siempre me hicieron sentir.
Pero no lo hago.
En cambio, sigo llamando a mamá todos los días para asegurarme de que está bien y de encontrar pequeñas formas de hacer que sus días sean menos solitarios desde que papá murió. He elegido conscientemente controlar mi ira y mi dolor confiando en que Dios se encargue de ello por mí, para no deshonrarlo en la forma en que yo lo podría manejar.
No es fácil, pero sé que se puede hacer porque yo lo hago todos los días. Y si yo puedo hacerlo con la ayuda de Dios, entonces sé que tú también puedes… tú y Dios.
¿Cómo puedo dejar que Dios maneje las situaciones que me hacen enojar? ¿Qué acciones específicas puedo tomar?
Querido Dios, por favor dame tu fuerza y sabiduría para calmar mi ira y dejar que me hables a mí y hables por mí. En el nombre de Jesús oro, Amén.