por Darla Noble
Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.
José fácilmente podría haberse enseñoreado con autoridad y poder sobre sus hermanos; haciéndolos pagar muy caro por lo que le habían hecho (ver Génesis 37-45 para leer toda la fascinante historia). Pero no lo hizo. En cambio, se humilló ante Dios y permitió que Dios obrara a través de él para servirle.
De manera similar, Moisés nunca podría haber hecho lo que hizo, liderar a cientos de miles de personas anteriormente esclavizadas durante toda una generación, ayudándolos a formar una nación funcional (lee sobre esto en el libro de Éxodo), si no se hubiese humillado ante la autoridad de Dios y su liderazgo.
Jesús no habría sufrido y muerto en la cruz por ti y por mí si no fuera por su humildad hacia Dios.
Aquellos que se dedicaron a la formación de nuestro país también se humillaron ante Dios. Vemos esto en las numerosas referencias a la divina intervención de Dios para traer nuestro país a la existencia.
Del mismo modo, tú y yo nunca nos daremos cuenta del completo potencial de nuestra existencia, ni experimentaremos el verdadero grado de consuelo y liderazgo de Dios, hasta que nos humillemos ante Él, el Creador y Gobernante de todo. Solo cuando nos inclinamos ante Él, puede Él elevar nuestras vidas y levantarnos.
¿Con qué frecuencia me humillo ante Dios? ¿Cómo me siento cuando me inclino ante Él?
Querido Dios, por favor dame un corazón y una mente humildes, que esté dispuesto a seguirte en todas las cosas. En el nombre de Jesús oro, Amén.