por Beatrice Jean-Baptiste
No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere: Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de ser preso.
En el programa estadounidense de competencias televisadas “Fear Factor,” los concursantes se dividen en equipos que compiten para ver quién puede soportar desafíos que provocan temor, desde comer cosas repulsivas hasta estar en un pozo infestado de ratas. El equipo con mayor resistencia gana el premio en efectivo.
El temor es parte de la experiencia humana. Desde el principio de los tiempos, el temor presenta un desafío. Nadie está exento de ello.
El estudio anual de la Universidad Chapman sobre los temores estadounidenses documenta las cosas que muchos estadounidenses temen, incluida la pérdida de un ser querido, la corrupción gubernamental, la contaminación del aire y el cuidado de seres queridos enfermos. De hecho, los trastornos de ansiedad son el problema de salud mental más común en los estadounidenses.
La ansiedad, la depresión y el miedo no respetan fronteras nacionales. Son universales. Afectan a toda la humanidad, en todo el mundo.
En Proverbios 3:25-26, Salomón nos recuerda que debemos poner nuestra confianza firme en Dios. No descarta la realidad del miedo repentino. En cambio, nos amonesta a tener fe frente al temor.
Creo que Salomón nos está animando a vivir en el factor de la fe y no en el factor del miedo. Dios promete evitar que seamos alcanzados por la destrucción como los malvados. La protección y provisión de Dios fortalecen nuestra fe en Él.
Aunque el miedo es universal, la fe también lo es. Cuando ponemos nuestra confianza en Dios, nuestro miedo se transforma en fe.
¿Cómo puedo cultivar mi fe en Dios? ¿De qué forma específica eso podría eliminar mi temor y mejorar mi confianza?
Dios de gracia, gracias por reemplazar mi temor con fe. Mi seguridad en ti me capacita para poner mi esperanza y confianza en ti. En el nombre de Jesús oro, Amén.