por Erica Cosgrove
Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás á este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré á sus padres que la daría á ellos.
Muchas veces en mi vida no fui muy valiente.
Recuerdo cuando era mucho más joven y aprendía a saltar al agua desde un trampolín. Sabía nadar y mi padre me había enseñado cómo posicionarme al entrar al agua para no lastimarme. Sin embargo, allí estaba, con los pies firmemente plantados mientras miraba el agua, preocupada de saltar mal y lastimarme.
Al final, confié en el consejo de mi padre, me armé de valor para saltar y descubrí, para mi deleite, que en realidad no había nada de qué preocuparme.
Muy a menudo nos quedamos paralizados por el miedo, preocupándonos por pequeñas cosas. Sin embargo, Dios tiene reservado para nosotros mucho más y nos promete una herencia que es mucho mayor que cualquier cosa por la que nos preocupemos en esta vida.
Este versículo nos dice que Dios tiene una herencia para sus hijos: una tierra que quiere darnos. Se nos promete el cielo, pero preocuparnos no nos ayudará a llegar allí. En cambio, Dios quiere que seamos valientes y nos mantengamos firmes en sus promesas de vida eterna.
¡Podemos caminar confiados a través de las muchas cosas que esta vida nos depara porque se nos ha prometido otra vida en la tierra que Dios ha preparado para nosotros!
¿Qué preocupación necesito entregarle a Dios hoy? ¿Cuántas veces medito en la herencia celestial que me espera?
Querido Dios, ¡Gracias por la promesa del cielo! Ayúdame a caminar con valentía por esta vida, confiando en tu dirección y en tus promesas. En el nombre de Jesús oro, Amén.