por Heather Tietz
Y se dirá en aquel día: He aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová á quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salud.
Hace unos años, nuestra furgoneta se descompuso en una parte conocida del área de Los Ángeles, quiero decir, conocida por el crimen.
Salimos de la autopista y nos detuvimos al costado de una carretera descuidada, justo cuando el sol se estaba poniendo. “¿Dónde estamos?” Le pregunté a mi marido.
Levantó las cejas y respondió: “Tenemos que orar”.
Entonces, con cuatro pequeños en la parte de atrás, balbuceamos una oración a Dios para que nos llevara a casa de forma rápida y segura.
A veces no tenemos control sobre nuestras circunstancias. De acuerdo al texto de hoy, por ejemplo, la Iglesia está sentada en medio del juicio de Dios, atrapada al costado de un camino oscuro, en un vecindario abandonado por Dios, por así decirlo.
Allí espera, con los ojos muy abiertos, el corazón esperanzado, ansioso de que venga la salvación de Dios. ¡Y lo hace!
A veces Dios salva por medio de la naturaleza, a veces con un gobierno misericordioso, a veces con extraños, y a veces con amigos. Dios impulsa a las personas a ver tu necesidad y a estar dispuestos a rescatarte. Dios nos ama.
Espera con atención su salvación. Ya viene.
¿Cuándo en el pasado necesité ser auxiliado? ¿Pedí ayuda a Dios? ¿Cómo me salvó?
Amado Señor, estoy muy agradecido por tu salvación y por tu gracia. Por favor ayúdame a aferrarme a ti. Lléname con una confianza inquebrantable en tus planes y en tus tiempos. ¡Tú eres la causa de mi regocijo! En el nombre de Jesús oro humildemente, Amén.