por Heather Tietz
Siete días celebrarás solemnidad á Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda obra de tus manos, y estarás ciertamente alegre.
La felicidad y el gozo son plantas verdaderamente diferentes.
La felicidad surge en un momento y luego muere rápidamente. Surge de las circunstancias y de la obtención de aquellas cosas que deseamos. El gozo, por otra parte, tiene raíces más profundas. Proviene de la satisfacción con “quién eres, por qué lo eres, y dónde estás en la vida”. Así lo describe la psicóloga Rachael Fernley. La felicidad surge de un ambiente agradable; el gozo crece desde una perspectiva placentera.
Seguir a Jesús cambia nuestra visión. Sin duda, Él nos regalará momentos de felicidad. Pero tener la perspectiva de Dios hará crecer en nosotros un gozo duradero y profundamente arraigado.
Los israelitas en este pasaje están a punto de ser bendecidos por Dios, a punto de recibir muchos momentos de felicidad. Están al borde de la Tierra Prometida. Josué está ante ellos como un padre dispuesto a dejar entrar a sus hijos en la casa del abuelo.
“Ésta es la tierra que Dios ha estado preparando para vosotros”, explica. “Mira tu vida desde esta perspectiva: eres un pueblo elegido por Dios”.
Para los israelitas, independientemente del sol, la lluvia o el hambre que les sobrevinieran, seguían siendo los elegidos de Dios. Aquellos que cultivaron esa verdad en su perspectiva tuvieron gozo.
Es lo mismo para nosotros.
Pase lo que pase, siempre somos personas amadas por Dios. Mira tu Tierra Prometida y deja crecer en ti el gozo.
¿Cuánta gozo hay en mi perspectiva de quién soy, por qué soy y dónde estoy en la vida? ¿Cómo puedo aumentar mi gozo?
Gracias, Dios, por Tu abundante amor. Ayúdame a ver Tu cuidado en los detalles de mi vida. Por favor, haz crecer tu gozo en mí. En el nombre de Jesús oro, Amén.