¿A Quién Adoro?

por Heather Tietz

1 Juan 2:15-16

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.

“Tengo demasiados dioses”, se quejó un hombre a su esposa.

“Uno quiere que trabaje los siete días de la semana. El otro quiere que me tome un día de descanso. Uno quiere que construya un palacio. El otro quiere que me ocupe de los pobres. Uno quiere que destruya a mis enemigos. El otro quiere que les muestre bondad. ¿Qué voy a hacer? ¿No puedo hacerlos felices a todos?

“No puedes adorarlos a todos”, dijo su esposa. “Parece que tienes que elegir”.

Todos deben hacer una elección similar.

Si un dios es algo que requiere obediencia, tiempo, atención y cariño, entonces el corazón humano solo tiene lugar para uno. Si algo se puede aprender de los matrimonios polígamos de nuestros antepasados de la fe, es que el corazón humano no puede apasionarse por más de un amante, por las necesidades de una persona, por sus deseos, por sus intereses. Dios también lo sabe: no podemos compartir nuestro corazón con Él y con ningún otro dios.

El mundo — el gran deseo por el placer — es el rival de Dios. Ambos tienen un plan para nuestro dinero, para nuestro tiempo, para nuestros pensamientos. Ambos quieren nuestras alabanzas. Ambos quieren nuestro amor. Es el matrimonio de nuestro espíritu.

Depende de mí decidir a quién adoraré.


Reflexión

¿Qué es lo que más rivaliza con mi afecto por Dios?


Plegaria

Querido Dios misericordioso. Sólo Tú mereces mis mejores afectos. Ayúdame a ser fiel para entregarte mi corazón todos los días. En el santo nombre de Jesús oro, Amén.