Alabanza Contagiosa

por Beatrice Jean-Baptiste

Salmos 149:3-5

Alaben su nombre con corro: Con adufe y arpa á él canten. Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: Hermoseará á los humildes con salud. Gozarse han los píos con gloria: Cantarán sobre sus camas.

¿Alguna vez Dios te entusiasmó tanto que te pusiste a danzar o a cantar efusivamente?

En el Salmo 149, el ímpetu del salmista se convierte en un himno de alabanza. Su corazón estalla de alegría al reflexionar sobre la bondad de Dios. En su contagiosa alabanza, anima a los adoradores a cantar, danzar, tocar instrumentos y a disfrutar de la presencia del Creador.

No nos equivoquemos: Dios es mucho más que bueno. Él creó el universo, colocó todas las galaxias en su lugar, diseñó toda la naturaleza y luego nos creó a su imagen. Dios, el Creador de todos y de todo, te creó. Fuimos creados para alabarle.

La alabanza nos permite alejarnos de la monotonía de la vida y expresar nuestra admiración por el Dios invisible que nos ve y nos conoce íntimamente. Nos permite trascender las circunstancias y entrar en la presencia del Dios Todopoderoso de la creación.

¡La alabanza une nuestros corazones con Dios, llenándolos de amor y adoración para que podamos deleitarnos en el Dios que nos regala la salvación y nos concede la victoria!


Reflexión

¿Cómo la alabanza transforma mi tiempo devocional con Dios?


Plegaria

Santo Dios, alabaré tu nombre en danza. Te cantaré alabanzas. Porque tú, oh Señor, te complaces en tu pueblo. Coronas a los humildes con la salvación. Cantaré de alegría en mi cama mientras te expreso mi admiración. En el nombre de Jesús oro, Amén.