por Pastor Ken
Por tanto á ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.
Mi esposa estaba teniendo dificultades para recuperarse de un ataque severo de malaria.
A ella le encanta viajar. Temiendo que nunca más tuviéramos la oportunidad de viajar juntos si su salud se deterioraba, reservé un viaje a Sudamérica. Nuestra guía, Julie, hizo del recorrido una serie de episodios de sanidad.
Durante el viaje, la salud de mi esposa mejoró radicalmente.
Cerca de dos meses después, hicimos otra gira con Julie, esta vez por Rusia y el norte de Europa. En ese tiempo, mi esposa sanó completamente. Volvió a estar tan llena de vida como antes de su enfermedad.
Cuatro años más tarde, le conté a Julie sobre su participación en la sanidad de mi esposa y le expresé mi gratitud.
Estaba sorprendida. Ella no sabía el papel que jugó en la recuperación de mi esposa.
De vuelta en casa, a través de las redes sociales, compartí cómo Jesús sanó a mi esposa a través de los viajes que Julie organizó.
Continué escribiendo, con la gratitud fluyendo desde lo más profundo de mi corazón. Julie respondió: dijo que sentía como si Dios estuviera hablando y empoderándola a través de mis palabras de agradecimiento.
Así es con Dios. Cuando reconocemos lo que Él ha hecho por nosotros, no podemos quedarnos con nuestra gratitud. Debemos compartirlo, con otros y con Él. Esa actitud de agradecimiento se multiplica, extendiéndose hacia todos los que conocemos y dándole colorido a todo lo que hacemos.
¿Cómo puedo hoy expresar mi gratitud hacia mis amigos cercanos? ¿Cómo puedo expresale mi gratitud a Jesús por salvarme?
Querido y misericordioso Dios sanador, gracias por tu amor y poder. Por favor, ayúdame a encontrar la gratitud todos los días. En el nombre de Jesús, el gran médico, oro, Amén.