por John Simon
Mirad á mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más.
En Juan 3, Nicodemo se presenta a Jesús de noche.
Comenzó la conversación expresando algunas palabras halagadoras. Sin embargo, Jesús las pasó por alto y fue a la esencia de su discurso. Le dijo a Nicodemo que necesitaba nacer de nuevo, de agua, haciendo referencia al bautismo, y más aún del Espíritu Santo. Desde ahí indicó que el Espíritu es semejante al viento: el movimiento de ambos es misterioso porque no podemos verlo, pero los efectos son visibles.
Nicodemo estaba confundido.
Para ser justos, no deberíamos culparlo por eso. Estos temas parecen abstractos.
Jesús no los explicó directamente. En cambio, aludió al relato de Moisés levantando una serpiente de bronce para que el pueblo pudiera verla y salvarse de las mordeduras de las serpientes (ver Números 21). Jesús se comparó a esa serpiente.
Puede que no entendamos todo acerca de la experiencia de nacer de nuevo, pero la mejor manera de cambiar nuestra vida es contemplar la cruz y ver el amor inmensurable que Cristo mostró y los pecados que tomó sobre sí mismo por causa nuestra.
Miremos a Jesús y vivamos para siempre.
¿De qué maneras ha cambiado mi vida el contemplar a Jesús en la cruz?
Dios, gracias por darme el mayor regalo de todos. Ayúdame a mantener a la vista y con regularidad el gran sacrificio de tu Hijo. Mientras lo hago, que pueda humildemente darme cuenta de cuán serios son mis pecados y con gratitud entender cuánto me amas. Que tu amor pueda transforme para la eternidad. En el nombre de Jesús oro, Amén.