por Beatrice Jean-Baptiste
No temeré de diez millares de pueblos, Que pusieren cerco contra mí.
Esther Ahn Kim encarnó el Salmo 3:6. Fue encarcelada durante seis largos años porque se negó a rechazar a Cristo ante la persecución.
Esther vivió en Corea durante la ocupación japonesa. De 1910 a 1945, Japón controló Corea con mano de hierro y trató de eliminar cualquier rastro de la cultura coreana. Era una práctica común durante ese tiempo obligar a los coreanos a inclinarse y adorar en los santuarios sintoístas.
Las personas que se negaron a inclinarse fueron castigadas severamente. Algunos fueron torturados en prisión por su fe en Jesús. Empoderada por Dios, Esther optó por ser valiente y no sucumbió a la adoración forzada. Su valentía no provino de su propia fuerza, porque hubo momentos en que sintió temor. De hecho, inicialmente dudó que pudiera defender a Cristo frente a la fuerza bruta, pero cuanto más crecía en su relación con Jesús, más audaz se volvía.
Esther no es muy diferente a ti y a mí.
Puede haber circunstancias en nuestras vidas que nos hagan querer doblegarnos de miedo. Pero con Jesús de nuestro lado, podemos volvernos tan audaces como leones (Salmo 28:1). A medida que nos volvemos más intencionales en nuestra búsqueda de Dios, en su Palabra y en la oración, cultivaremos una fe intrépida y un valor que no conoce límites.
¿Cómo puedo convertir mi temor en fe? ¿Cuáles son algunas historias bíblicas que presentan fe y valor de las que puedo aprender?
Querido Dios, con Jesús a mi lado, no tendré miedo de diez mil enemigos que me rodeen por todos lados. En el nombre de Jesús oro, Amén.