por Heather Tietz
No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.
Una madre águila decidió un día que sus aguiluchos eran lo suficientemente grandes para volar.
Habían estado saltando alrededor del nido durante semanas. Ahora era el momento de ver qué es lo que podían hacer sus alas. Ella voló sobre ellos por un momento, luego se dejó caer en el nido y empujó a un bebé.
El pájaro joven cayó en picada, solo para ser rescatado por mamá un momento después, cuando ella se abalanzó atrapándolo en su espalda.
“Este es un mal juego”, pensó el aguilucho.
Luego, la mamá águila empujó al hermano fuera del nido y nuevamente se abalanzó para rescatarlo.
Abajo, mamá loba observaba. “Esa mamá está loca”, pensó.
“¡Qué monstruo!” dijo una serpiente estupefacta.
La mamá águila voló de regreso a su nido y comenzó a sacar las plumas, luego los palos y ramitas de apoyo. Finalmente, todo quedó reducido a escombros. Sus aguiluchos ya no tenían dónde sentarse seguros.
Tambaleándose en el borde del poderoso pino, ambos aguiluchos saltaron y se elevaron hacia el cielo. Mamá ágila observaba con orgullo. ¡Su lección de vuelo había sido un éxito!
La perspectiva desde el suelo es estrecha. Nuestros juicios sobre las personas siempre serán inexactos. Solo Dios tiene una verdadera vista de pájaro en la vida.
Sólo Él tiene derecho a juzgar.
¿A quién me encuentro juzgando? ¿Qué pasos tomaré para eliminar el juicio de mi interacción con ellos?
Querido Señor, te alabo por conocerme completamente y aún amarme en plenitud. Ayúdame a ser humilde en mi visión de los demás y extender tu gracia cuando veo comportamientos que parecen incorrectos. En el nombre de Jesús oro, Amén.