Preparándose Para Apenas Respirar

por Heather Tietz

Hebreos 12:1, 3

Por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta... Reducid pues á vuestro pensameinto á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.

Cada año, la montaña más alta del mundo atrae a aventureros que quieren conquistar el ascenso.

Pero no son las rocas o la vida silvestre del Monte Everest lo que representa la mayor amenaza. Es la falta de oxígeno. Los últimos 848 metros de la cima de la montaña son llamados la “zona de la muerte”. Allí, el desmayo es mortal. El oxígeno es tan escaso que los excursionistas no preparados pueden literalmente perder la respiración. A menos que los escaladores tengan tenasidad, ellos desmayarán.

Los alpinistas experimentados saben que la única manera de resistir la parte más alta del Everest es estar preparados. A cuatro millas sobre el nivel del mar, los corazones deben ser lo suficientemente fuertes para ocuparse del vigoroso bombeo que provoca tener un 40% menos de oxígeno. La sangre debe aclimatarse lentamente a la altitud para que pueda desarrollar más glóbulos rojos para transportar el poco oxígeno que hay.

En medio de situaciones agobiantes, nosotros podríamos provocar nuestro propio desmayo espiritual, si no estamos preparados.

Orar, leer la Palabra de Dios, memorizar las Escrituras y cantar Sus alabanzas fortalece nuestro corazón con Dios. Cuando la vida es dulce, es importante desarrollar nuestro músculo cardíaco espiritual. Además, confiar en Él a través de las pequeñas pruebas de cada día nos aclimatará para tiempos más difíciles.

Dios no siempre mueve las montañas de nuestra vida. Pero el edificar una fe perseverante nos puede capacitar para conquistarlas.


Reflexión

¿Cómo he perseverado en situaciones difíciles en el pasado? ¿Tengo una rutina diaria que mejore mi corazón para Dios?


Plegaria

Querido Dios, por favor dame la fuerza para conquistar las montañas que debo escalar hoy. Ayúdame a manejarlas con fe y gracia. Guíame a aquellas cosas que fortalecerán en ti mi corazón. En el nombre de Jesús oro, Amén.