por Ami Hendrickson
Está mi alma apegada á ti: Tu diestra me ha sostenido.
Cuando mi hija de nueve años adoptó a su perrita, Zephyr, de la Humane Society (Sociedad Humana), supe que tenía mucho trabajo por delante. Con la barriga hinchada por la mala nutrición y llena de pulgas, Zephyr no tenía idea de cómo caminar con una correa. Debido a circunstancias desafortunadas fuera de su control, nunca conoció el amor ni tuvo ningún entrenamiento.
Tan pronto como firmamos los papeles de adopción, sujeté una correa corta al collar de Zephyr y le entregué el otro extremo a mi hija. “Durante los próximos días, ustedes dos estarán atados”, comenté.
Al principio, Zephyr trató de seguir su propio camino, especialmente cuando nos deteniamos en el centro de baño para perros. Pero la correa era lo suficientemente corta como para poder alejarse demasiado de su nueva dueña. Durante todo el tiempo de deberes escolares, de práctica de piano y de la cena, la correa la mantenía cerca. Cuando los otros perros de la casa corrían y jugaban, la correa la mantuvo adyacente.
Aunque inicialmente testaruda, Zephyr aprendió a seguir cada movimiento de mi hija. Aprendió a dejar de jalarse y a venir cuando se le llamaba. Cuanto más respondía a su dueña, más libertad disfrutaba. Eventualmente, ella no necesitó ninguna correa.
Muy a menudo, nuestro caminar con Dios es como el de Zephyr: sufrimos de una dieta espiritual deficiente, estamos infestados con la inmundicia de este mundo y necesitamos desesperadamente que nos rescaten. Nos resistimos a las limitantes que Dios nos impone. Solo más tarde nos damos cuenta de que esas limitantes eran necesarias para que nuestra relación crezca.
No hay nadie a quien Dios ame más que a ti. ¿Por qué no decides permanecer cerca de Él y seguirlo a dondequiera que Él te guíe?
¿Qué circunstancias de “correa corta” usa Dios a menudo para mantenerme cerca de Él?
Querido Señor, gracias por darme la promesa de que todas las cosas serán hechas nuevas. Por favor, acércame cada vez más a ti en los días que se avecinan. Háblame hoy a través de tu Palabra. Ayúdame a oír y a escuchar tu voz. En el santo nombre de Cristo Jesús oro, Amén.