por Darla Noble
Mas si desde allí buscares á Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.
Cuando niños, una de nuestras actividades favoritas era jugar a las escondidas.
Con las edificios alrededor, los árboles y las cosas en nuestra granja, teníamos un sin fin de excelentes escondites para elegir. ¡Sí que era divertido!
Recuerdo cuando Emma, la más pequeña, decidió que tenía edad para jugar. Normalmente la pequeña, la amada por sus hermanos mayores, de repente se volvió tan popular como la faringitis estreptocócica porque quería esconderse con alguno de ellos. Pero ella invariablemente delataba su escondite haciendo demasiado ruido, o incluso gritando: “¡No puedes encontrarnos!”.
Emma pronto tuvo que encontrar su propio escondite, lo que hacía con confianza. Su estilo de jugar al escondite consistía en agacharse en el suelo, cubrirse la cabeza con los brazos y quedarse allí. A la vista de todos.
No hace falta decir que no tomaba mucho encontrarla. Sin embargo, todo estaba bien. Se divertía, era parte del juego y nadie más tenía que sufrir ser encontrado por su culpa.
Cuando pienso en el estilo de juego de Emma, no puedo evitar pensar que Dios juega al escondite de la misma manera. Se esconde a plena vista; por lo que es increíblemente fácil encontrarlo.
Todo lo que tenemos que hacer es ir a su encuentro.
¿Qué es lo que trato de esconder de Dios? ¿Por qué?
Dios Santo, por favor ayúdame a permanecer en la dirección correcta para no perderte de vista. Gracias por tu disposición a ser hallado. En el nombre de Jesús oro, Amén.