por Darla Noble
Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Roy Weece fue un hombre de Dios asombroso; esposo, padre, predicador, evangelista.
Era alto y tenía una voz profunda y autoritaria, pero también, cuando hablaba de su Salvador, siempre había un respeto en esa voz. Roy nunca conoció a alguna persona dejando pasar la oportunidad de poder compartir las buenas nuevas del Evangelio con ella.
Una de mis cosas favoritas sobre Roy fue su audacia por Cristo. Se tomó en serio la promesa del versículo de hoy. Recogía a los que pedían aventones con la intención de testificarles. Una vez que avanzaban por el camino, él preguntaba: “¿Conoces a Jesús? Déjame hablarte de Jesús”. Y entonces lo hacía. Sonrientemente decía que ellos eran una audiencia cautiva.
Ninguno de nosotros sabe cuántas de esas personas (si es que hubo alguna) llegaron personalmente a conocer a Jesús, pero todas al menos aprendieron quién es Jesús y qué hizo por ellas. Lo supieron gracias a Roy.
¿Quién escucha por medio tuyo?
¿Quién me habló de Jesús? ¿Cómo sería mi vida si en ella no estuviese esa persona?
Santo Dios que estás en el cielo, por favor dame el valor de compartir el mensaje del Evangelio con las personas con que me relacione: desconocidos, familiares o amigos. Lléname con el poder de tu Espíritu y ayúdame a ser un testigo fiel para ti. En el nombre de Jesús oro, Amén.