por Margaret Michel
Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Soy una restauradora.
Las peores condiciones no me intimidan. De hecho, entre más desafiante sea una situación, mejor se notará el resultado final. ¡Me fascina ver resultados!
Dame un buen proyecto de restauración y me apasionaré. Un jardín descuidado, una propiedad abandonada, la casa de una adulto mayor discapacitado para una restauración o limpieza profunda, son todas ellas situaciones que llaman mi atención.
Me maravillo cuando considero la inmensidad del proyecto de restauración de Dios en mí. Es un enorme trabajo — y lo único que requiere de mí es cooperación.
Cuando Dios limpia a profundidad, los elementos añejos y dañinos se desechan. La luz del sol brilla, lo que me permite ver con mayor claridad los rincones que creía que estaban bien barridos y limpios. Los defectos de carácter y heridas de la vida que Él atiende no solo me traen bienestar a mí, sino que también transfiere ese bienestar a través de mí hacia las generaciones futuras.
Génesis 12:2-3 muestra que nuestro bienestar se fundamenta solo en Dios. Si aceptamos su diagnóstico sobre nuestra condición pecaminosa y lo aceptamos a Él como el restaurador de profunda limpieza de nuestras vidas, Él promete bendecirnos y a las generaciones en las que influimos.
¿Qué tan listo estoy para aceptar la promesa de Dios en mi vida sabiendo que también afecta a aquellos a quienes atesoro?
Querido Señor, te otorgo permiso completo para limpiar profundamente mi vida. Renueva mi corazón y mi mente. Cambia mis caminos pecaminosos y reemplázalos con tu justicia. Ayúdame a cooperar en tu restauración. En el nombre de Jesús oro, Amén.