Vivir La Vida Con La Mano Abierta

por Erica Cosgrove

Eclesiastés 11:1

Echa tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.

A menudo vivimos la vida con la mano fuertemente cerrada, temerosos de con qué nos quedaremos si la abrimos.

Nos aferramos a personas, lugares y cosas porque son preciadas, por temor a que si las soltamos nos quedaremos sin nada.

He luchado con aprender cómo abrir mis manos, permitiéndole a Dios dar y tomar como mejor le parezca. He tenido relaciones por las que he ido en contra de Dios, apretando las manos, sin querer renunciar a ellas. Lo mismo ha ocurrido con los recursos. He sido reacia a dar tiempo o dinero porque entonces tal vez no tendré lo suficiente.

El versículo de hoy habla de esta naturaleza egoísta y de la falta de voluntad para confiar en Dios.

Eclesiastés es un libro lleno de lecciones con las que debemos lidiar, y este versículo no es una excepción. Aquí se nos dice que arrojemos nuestro pan sobre las aguas, que abramos nuestras manos y demos nuestros recursos a los demás.

Debemos ser generosos con lo que Dios nos ha dado. Sin embargo, Él no nos deja con las manos vacías. La segunda parte del versículo nos dice que volveremos a encontrar abundancia después de muchos días.

Cuando vivimos con las manos abiertas, damos libremente de lo que tenemos, confiando en que Dios nos devolverá lo que necesitamos.


Reflexión

¿En qué área de mi vida necesito aprender a vivir con la mano abierta para que Dios dé y tome como Él crea conveniente?


Plegaria

Querido Dios, por favor enséñame a vivir una vida con las manos abiertas, confiando en que tú me sustentarás. Ayúdame a recordar que todos los buenos dones provienen de ti. En el nombre de Jesús oro, Amén.