por Darla Noble
El sana á los quebrantados de corazón, Y liga sus heridas.
Una vez tuve una conversación con una viuda que, después de cuatro años, todavía estaba sumergida en el dolor por la pérdida de su marido.
Cuando le sugerí que buscara maneras de servir a los demás y, en el proceso, disipar parte de su soledad, se disgustó conmigo.
Realmente se molestó.
Realmente, se enojó de veras.
Yo estaba genuinamente preocupada por su bienestar y la condición de su corazón. El dolor es inevitable en este mundo. Pero Dios nos ha mostrado una manera de lidiar con él. Su corazón es más grande que cualquier carga que llevemos.
Lamentablemente, siete años después, la desconsolada mujer aún prefiere vivir con el corazón roto, en vez de pedir a Dios que la ayude a sanar. Y en lugar de acercarse a otros, se queja de que nunca se acercan a ella. En lugar de buscar el gozo, se conforma con la amargura.
Nadie puede arreglar su situación. Incluso Dios no lo hará hasta que ella decida permitírselo.
No consientas ser como ella. El dolor forma parte de nuestras vidas imperfectas. En vez de llorar por algo, clama a Dios. Derrama tu dolor y entrégalo por completo a Él. Deja que Él sane tu corazón para que sea íntegro y enteramente suyo.
¿Qué dolor necesito desahogar? ¿Cómo fue roto mi corazón? ¿Cómo puedo imaginarme arrancando por completo el dolor y la aflicción de mi corazón y entregárselos a Dios?
Querido Dios, estoy luchando en este momento. Mi corazón está roto y estoy abrumado por el dolor. Por favor llena mi corazón de amor y esperanza. Protégeme de la amargura. Hazme saber que siempre sanarás mi dolor. Por favor convierte mi tristeza en gozo. En el nombre de Jesús oro, Amén.